Más de 200 familias viven aglomeradas en mercado abandonado de Barahona - Campesino Digital

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martes, 22 de diciembre de 2009

Más de 200 familias viven aglomeradas en mercado abandonado de Barahona


Por Juan Fco Matos


BARAHONA. Más de 200 personas viven desde hace once años apiñadas y en medio de un hedor insoportable interno y externo, en las instalaciones del mercado nuevo, situado frente al liceo Federico Henríquez y Carvajal a la entrada de esta ciudad, el cual fue construido en uno de los gobiernos del extinto Joaquín Balaguer para alojar a lo comerciantes del viejo establecimiento comercial, ubicado en la parte baja de la población, el cual fue destruido en su interior por un voraz incendio.

Pero esta edificación resultó ser muy pequeña para alojar a todos los negociantes del viejo mercado, por lo que estos se negaron a ser llevados hasta al nuevo establecimiento y prefirieron reubicarse por los alrededores del viejo comercial, donde todavía permanecen. Debido a esto el nuevo mercado de la parte alta de la ciudad quedó abandonado hasta el 1998.


Fue en este año que un incendio de procedencia desconocida redujo a cenizas una línea de los barracones del barrio Palmarito que tenía 25 viviendas que sumaban unas 125 personas, las cuales quedaron a la intemperie. Ante la dramática situación de esas humildes familias, el entonces gobernador Provincial, doctor Bolívar D´Oleo Montero, dispuso que esas familias fueran alojadas provisionalmente en las instalaciones del nuevo mercado público, hasta que el gobierno de ese entonces las reubicara en viviendas que construiría para ellas.

Esas viviendas nunca fueron edificadas por lo que los ocupantes del mercado nuevo hoy permanecen alojados allí como presos, abandonados a su suerte y sin esperanza de nunca abandonar ese apestoso y contaminante lugar.

Bernardo Reyes Turbí, presidente de la junta de vecinos "Brisas del Birán" del mercado nuevo, quién aparenta tener más de 70 años debido a su estado de pobreza, pero que no pasa de los 65, dijo que todos ellos quisieran salir de ese lugar que compara con una cárcel por el estado de hacinamiento y de antihigiene que allí prevalece.

"Aquí internamente el bajo nos está matando, debido a que no tenemos agua suficiente a nuestro alcance para higienizar y desinfectar el área, y para colmo en esos montes que nos rodean son depositados todo tipo de animales muertos que al transcurrir de los días se descomponen, emanando olores putrefactos que hacen irrespirable el aire", dijo Turbí.

Allí cada familia vive en pequeños cuartos, muchos de los cuales tienen sus puertas destruidas lo que pone a las personas que los ocupan a expensa de los delincuentes que operan por esos alrededores tanto de día como de noche.

En uno de esos cuartitos reside la señora Adalgiza Féliz con sus cuatro hijos y su esposo. "Fijense periodistas el mal estado que presenta la única puerta de entrada a donde resido. Aquí no tenemos nada de seguridad contra los delincuentes y a pesar de las constantes quejas que llevamos a las autoridades sobre las condiciones en que vivimos, ninguna de ellas nos hacen caso", dijo la pobre mujer.

La dama dijo que sólo en un país como el dominicano seres humanos viven en condiciones tan precarias y sin ningún tipo de facilidad para la juventud, más que sumido en la extrema pobreza sin esperanza más que la de Dios.

En tanto, que Ramona Pérez, madre de dos hijos, aclaró que cuando se quemó la línea de los barracones de Palmarito donde ellos residían en principio tenía 25 viviendas que hacían igual número de familias que sumaban 125 personas.

Agregó que mucho antes antes del fuego que destruyó la línea de barracones, se le hizo un anexo de 9 viviendas más para sumar un total de 34 viviendas e igual número de familias, que hacían alrededor de 170 personas.

"Hoy aquí residimos 40 familias que hacemos alrededor de 200 o más personas, esto así porque en esos once años que llevamos aquí muchos de nuestros hijos e hijas se han casado y han formado sus familias a parte, pero que también viven en estas instalaciones", manifestó la señora Ramona Pérez.

Por allí la gente teme caminar pasadas las siete de la noche debido a que los montes que rodean las instalaciones del referido mercado sirven de guarida a los ladrones, atracadores, asaltantes y violadores sexuales. Las familias en cuestión cuestionan el hecho de que las patrullas motorizadas de la Policía Nacional, ni siquiera de día transitan por allí.

Una jovencita que se identificó como Ana María Matos, narró que debido a la antihigiene en el área interna y externa del mercado, muchas personas, en especial niños son trasladadas con frecuencia al hospital Jaime Mota distante a cuatro cuadras del lugar, afectados de problemas respiratorios, fiebre, dolores de cabeza, entre otros malestares.

"Quizás la gente nos acuse de sucios porque no higienizamos las instalaciones del mercado, pero nadie comprende que aquí no tenemos servicio de agua potable y la poca que podemos obtener en el día, apenas nos alcanza para bañarnos y preparar nuestros alimentos cuando logramos conseguirlos", expuso la jovencita

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