Por Juan Francisco Matos
El 2010 encuentra a Barahona con un alto índice de desempleos, un pésimo servicio de agua potable, con servicios de recogida de basura y de salud aceptables, obras paralizadas, arrabalizada, amenazada por la contaminación, entre otros problemas, muchos de los cuales datan de años.
El desempleo comenzó a sentirse con fuerza desde el 1999 cuando fueron pasados al sector privado el central azucarero local y las minas de Sal y Yeso de Salinas, por lo que la población espera que en el año que recién inicia, el gobierno haga algo dirigido a paliar este problema, que obliga a muchos jóvenes a irse a otras zonas del país, en busca de una mejor vida para los suyos.
En tanto, que el servicio de agua que ofrece Inapa va de mal en peor llegando algunos sectores a estar sin el líquido dos y hasta tres semanas y lo serio del caso es que cuando esta anomalía se presenta, las autoridades del organismo casi nunca dan una explicación correcta a la comunidad.
A pesar de que el servicio de recogida de basura tiene algunas fallas en ocasiones, o sea, cuando los vehículos de la empresa Aseos Municipales sufren desperfectos mecánicos, los comunitarios en su mayoría lo califican de aceptable.
Entre las obras paralizadas que la población abriga la esperanza sean concluidas en breve plazo, figuran la Ciudad Universitaria, así como las calles, aceras y contenes de sectores como Palmarito, 30 de Mayo, entre otros.
La ciudad crece vertiginosamente de manera desordenada a pesar de que hace años que la entidad japonesa denominada JICA y el ayuntamiento municipal tienen elaborado hace mucho, un plan para regularizar esta situación y sacar a esta localidad del callejón sin salida en que se encuentra desde hace años. Se supo extraoficialmente que el referido plan no ha comenzado a funcionar por la falta de apoyo del Gobierno Central.
En la ciudad hay un gran desorden, debido a que cada cual hace lo que le venga en ganas y nadie dice nada. Todo el que quiere instala una caseta de venta en cualquier calle y acera. Los dueños de establecimientos de venta de repuestos para vehículos y motocicletas ocupan las aceras de los frentes de sus negocios, obstaculizando el libre tránsito a los peatones, quienes debido a la anomalía, tienen que tirarse al centro de las vías, exponiéndose a ser arrollada por vehículos en marcha.
Los ingenieros y maestros constructores al construir viviendas también obstruyen el paso a los transeúntes con los materiales que esparcen por doquier. Casi todos estos cuando terminan de construir, dejan esparcidos desperdicios en las aceras y calles.
Otra cosa que se realiza con mucha regularidad es cuando alguien celebra algún cumpleaños de un hijo. Estas personas cierran una cuadra de calle para realizar la fiesta sin tener el permiso de la institución correspondiente y cuando un periodista escribe algo sobre estas anomalías, aparece mucha gente maldiciendo al informador público, incluso en ocasiones les lanzan serias amenazas.
Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida vendiendo en cualquier lugar, pero no exponiendo la vida de los demás cuando instalan casetas y otros negocios en plena calles y aceras, impidiendo el libre paso a los peatones.
Los barahoneros siempre recuerdan las expresiones del obispo en emérito, monseñor Fabio Mamerto Rivas Santos, quién cuando ejercía su ministerio en la esta ciudad, siempre decía: "En Barahona no hay ley, porque aquí todo el mundo hace lo que le venga en ganas y nadie le sale al paso."
A esto problemas se suma el de la contaminación ambiental, producto de las aguas negras que se producen tanto en la parta alta como en la baja de la ciudad, las cuales son vertidas en el mar Caribe por la playita el Hotel Guarocuya, así como las aguas calientes y tintadas de la zona franca de Villa Central que desembocan en la bahía de Neiba, contaminando todo el litoral costero de esta provincia.
Otro caso es el del viejo mercado público, el cual es uno de los focos de contaminación más peligroso de la comunidad, junto al polvillo de los agregados que la empresa Khoury Industrial tiene concentrado en el principal muelle local y el que emanan las instalaciones de una fábrica de blocks propiedad de la misma compañía, ubicada en el barrio Palmarito en la entrada de la población.
El pasado año, los habitantes del referido sector obstaculizaron la entrada a la fábrica de blocks y realizaron protestas en varias oportunidades, reclamando de las autoridades de Medio Ambiente tomar cartas en el asunto ante el grave peligro que representa para la salud de las personas el referido polvillo. Que se tenga conocimiento, nunca las autoridades de Medio Ambiente se han pronunciado al respecto.
Los servicios públicos de salud que ofrecen a los pobladores los hospitales, en especial el regional universitario Jaime Mota y las clínicas rurales de la provincia, son aceptables, pero siempre persiste el mal trato que los porteros del centro asistencial, así como algunos médicos y enfermeras, dispensan a los pacientes.
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