Barahona, de la ciudad de la belleza a paraíso del pánico. La delincuencia crea fobia generalizada en toda la población - Campesino Digital

Notas:

jueves, 25 de febrero de 2010

Barahona, de la ciudad de la belleza a paraíso del pánico. La delincuencia crea fobia generalizada en toda la población


Barahona.- Las puertas se estremecen con el ruido provocado al cerrar los negocios. Nadie quiere abrir más allá de las 6:00 de la tarde. Unos se arriesgan y duran media hora adicional, pagando la imprudencia con acciones delictivas contra ellos en algún momento.
Los mayores se resguardan temprano y ponen reglas a sus hijos. Las novias y novios deben entender que no pueden pasar de las 7:00 de la noche en las calles.


El silencio nocturno se hace tenebroso. El miedo se apodera de la gente. El fantasma del malhechor está en las sombras de cada uno de nosotros. Dos ojos no bastan, se desearían tener cuatro para mirar por todos los lados al caminar.

En la esquina comentan las dos vecinas, en conversación sobre el tema:” la delincuencia nos arropa hasta la cabeza, te salen por donde quiera y a cualquier hora para robarte lo que sea, y si das problemas te matan…como quiera te matan”, dice Lucía a Manuela.

En el taller, los mecánicos hablan del tema. Expresan que la delincuencia “está en los mismos policías”. “Ellos saben quiénes son los delincuentes, si quisieran agarrarlos saben donde ir, pero cuando los agarran les quitan los bienes robados y se quedan con ellos”, expresa José.

Andrés comparte la opinión, pero dice la delincuencia tiene otras motivaciones. “Fíjate que no hay empleos para los jóvenes, no hay lugares de diversión que no sea la bebida y las drogas, y ahora los malditos apagones contribuyen a la delincuencia con la oscuridad”, respondió aludiendo a José.

Eduardo escucha paciente e interrumpe la conversación para dar su parecer sobre el tema. “Cualquiera diría que Manuel tiene razón, pero observen ustedes que los que están robando, atracando y matando gente son muchachos que no llegan a 25 años, buscando cuartos para andar con lujo, discotecas, bebidas y comprar drogas”, puntualizo.

Eso es verdad, concluyeron los tres, sin dejar de reconocer que los conflictos de hogar, la mala formación y la irresponsabilidad de los padres tienen su cuota en la degradación moral de las familias en Barahona.

En la fila del banco, el tema se extrapola desde la cola hasta el primero. Todos abordan la misma conversación. “Lo malo de todo esto es que los defensores de los derechos humanos salen a dar declaraciones contra la policía cuando muere un delincuente en enfrentamiento con ellos, pero cuando ellos matan se callan la boca” dice con rabia Hilda.

Fernando se ríe de los gestos de María, pero afirma que se requiere de leyes más drásticas para castigar a los delincuentes. “Desde que se puso en vigencia el nuevo código procesal penal, cada día hay más atracadores, robos y la droga se ha convertido en un gran negocio”, expresó Fernando.

El profesor Julián estaba en la fila e intervino para opinar y externar su parecer: “Yo he tomado la decisión de poner control a mi forma de vida y la de mi familia. Me guardo a las 7:00 de la noche, no ando por lugares solitarios, evito que mis hijos monten pasolas o anden con prendas encima y trato de no estar en lugares de cherchas. Es uno mismo que debe protegerse, nadie te va a cuidar”, dijo el docente de secundaria.

Mientras la población cunde en el pánico, horrorizada por la delincuencia que se apodera de Barahona, las autoridades responsables de su combate se muestran indiferentes y apáticas ante un mal que ha generado una verdadera fobia entre sus moradores.

Tomado de diariodigitalbarahona

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