Escuché la semana pasada llamados memorables. María Teresa Cabrera, sindicalista, política, ser humano estupendo, pedía el viernes 15 a los/las dominicanos/as asumir las calamidades de nuestra educación como problema de todos/as. Convocó a que nos enroláramos en una pacífica guerra, patriótica y ética, cuya primera batalla es conseguir el aumento presupuestal para el sector.
En el lanzamiento de la campaña Siembra Saber, de Sur Futuro en pro de la alfabetización y habilitación técnica de jóvenes y adultos, el ministro de Educación invocó la solidaridad de todos, argumentando que el Estado no puede solo, la sociedad tiene que ayudarlo.
En ambos reclamos, se percibió el aliento de Domingo Faustino Sarmiento, quien luchando entre “la civilización y la barbarie” reclamó “que todo el país sea una escuela”.
Siempre he apostado por esa yunta sociedad-Estado. Lo hago en mis clases, artículos y charlas.
Pero digo también, porque nació con nuestras independencias en las constituciones republicanas, que el Estado es el que tiene la primera primaria responsabilidad en la educación, sobre todo en la pública.
Solo demostrando que la asume, logrará de la comunidad educativa la confianza que propicia una cohesión social que incentive a la población a convertirse en socia, en ciudadanía activa.
Como la voluntad política del Estado se manifiesta y confirma en las prioridades presupuestales, hace bien María Teresa en pronunciarse, –¡otra vez, otro año!– exigiendo un incremento al presupuesto de educación, que a tantos nos ha dejado roncos frente a la sordera de los que deben proporcionarlo.
Antes de oír a la dirigente adepeísta y al ministro, supe que Educa había puesto ya, como otras veces, los puntos sobre las íes en el problema de la educación.
Con la serena firmeza heredada de uno de sus fundadores, don Gustavo Tavárez, sus directivos declararon que en educación, “tenemos los planes, tenemos maestros, tenemos el Know-how, pero con el presupuesto que se le asigna no puede mejorarse”.
Yo agrego que empeorará con la disminución al 1.8% del Producto Interno Bruto (PIB) de este año; y en los “rankings” internacionales donde ya ocupamos los últimos lugares, habrá de crearse un subterráneo tenebroso, para enterrar la deteriorada educación dominicana. ¡Vergu¨enza que sí compartimos todos/as, aunque no todos/as, somos culpables! ¿Qué hacer? Lo sugerí En Plural el sábado antepasado: a nuestra educación solo la salva un impulso desfacedor de entuertos en el Congreso; dicho en cristiano, que diputados/as y senadores/as aumentan ese involutivo 1.8% que les llega en el proyecto de Ley de Gastos Públicos para el 2011, inducido por instituciones transnacionales a las que hay que poner en su puesto, si queremos respetar a los Padres de la Patria.
Después de oír a María Teresa, llamándonos a todos/as a asumir el grave problema de nuestra educación, pienso que debemos y podemos dar un empujón a la voluntad de los Congresistas para que actúen en este caso como Dios manda.
Todos/as debemos conminarlos a una acción reparadora: con cartas, en e-mails, con visitas al Congreso, colgando en nuestras webs y en nuestros facebooks mensajes, que actúen como espuelas en sus conciencias.
Educa hizo oír su voz autorizada.
La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) se moviliza ya en los pueblos; el ministro, con la discreta prudencia a que lo obliga su doble condición de funcionario y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), advierte las limitaciones que el presupuesto exiguo impone a los planes de la cartera.
Nosotros/as, profesionales, empresarios, obreros, chiriperos, padres y madres, abuelos, una que otra como yo, bisabuela, vamos a dar también la cara. Mostremos preocupaciones por la educación en un permanente asedio a los que en el Congreso nos representan, para que honren sus compromisos con los electores, haciendo realidad el derecho de todos/as a educarse.
Señores congresistas, les pido que sientan la educación, como “obsesión nacional”, así la definió don Gustavo Tavárez.
El presupuesto asignado al sector impide que la educación tenga la calidad y la equidad que necesitamos para ampliar nuestra incompleta democracia. Auméntenlo ustedes, con el poder que les dimos en las elecciones de mayo.
La pelota está en su cancha, legisladores. Nosotros, ciudadanos/ as pediremos rendición de cuentas en este definitorio caso.

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