
Cierto es que los tiempos han cambiado y que se requiere de convertir a los partidos políticos en maquinaria electoral para que sean decisivos en unas elecciones y puedan salir airosos eventos tras eventos en la lucha por el poder.
El Partido de la Liberación Dominicana ha venido paulatinamente haciendo los ajustes que le han permitido convertirse en la más grande organización política en la República Dominicana. Las dos últimas elecciones presidenciales así lo han confirmado, en las cuales ha obtenido por encima de dos millones de votos.
Pero poco a poco el olvido de la mística partidaria, de los principios boschistas y el abandono de la aplicación de sus métodos de trabajo va a contribuir a degenerar en una entidad política sin diferenciación de las demás, y nos pone en el camino de una posible crisis interna a mediano y largo plazo si no retomamos el pensamiento de nuestro desaparecido líder.
El PLD está extraordinariamente jerarquizado. El Comité Central (CC) de esa organización es el máximo organismo, del cual nace el Comité Político (CP) como órgano de dirección, establecido para tomar las decisiones de alto nivel en un grupo más reducido. Algunas de esas decisiones deben de bajar al CC para su discusión y aprobación.
En la organización de la bandera morada y la estrella amarilla existen las estructuras provinciales, municipales, de distritos y seccionales en las provincias del país y en el exterior. Ese esquema de dirección se complementa con las distintas secretarías de que contribuyen con la dinámica partidaria. La mayor categoría en el PLD es ser miembro, quien adquiere derecho para ser presidente de un comité de base, de un comité intermedio, del comité central y del comité político.
En el Partido de la Liberación Dominicana no hay nada que inventar. Tiene sus estatutos bien establecidos. Sus métodos de trabajo. Su orden parlamentario para las discusiones de las reuniones, asambleas, plenos y congresos de los dirigentes.
Si bien es cierto que ya no hay forma de controlar la formación de grupos en el partido, por las ambiciones e intereses envueltos, entonces la aplicación de sus normas y reglamentos es la garantía de mantener la unidad y la fortaleza del PLD ante el electorado y la sociedad dominicana.
Volver a encontrarnos con el Partido de la Liberación Dominicana de Juan Bosch es muy simple. Es retomar las reuniones y asambleas ordinarias. Mantener los locales abiertos. Hacer que los organismos de direcciones funcionen como tales, que levanten actas y que se hagan las evaluaciones de los trabajos que se van desarrollando, para darle seguimiento.
Volver a encontrarnos con el PLD es actuar apegados a la institucionalidad debidamente establecida en el partido, respetando sus estatutos, sus normas, sus principios, su mística y sus métodos de trabajo.
Volver a la organización creada por Bosch es actuar con equidad. Es darle poder a las bases. Es reconocer que los dirigentes medios, los presidentes de comités de bases y los miembros de los mismos son los que verdaderamente hacen el trabajo duro de participación en las actividades, de pegar afiches, de vender boletos, de mantener a las barriadas con las simpatías hacia el partido.
Volver a encontrarnos como peledeístas es ser más solidarios entre los compañeros. Mirar hacia las bases del partido. Entender que hay compañeros que nos esperaron cuatro años y depositaron su fe nuevamente en la organización que aman para que hoy sea gobierno y merecen una oportunidad en el Estado.
Volver a encontrarnos con el PLD de Juan Bosch es retomar los valores éticos y morales de ese gran líder. Actuar como él. Pensar como él. Ser como él. Aun haciendo los ajustes necesarios para ser maquinaria electoral, podemos seguir siendo la organización por la cual luchó y se llevó ese orgullo a su morada final.
Autor: Mayobanex De Jesús Laurens
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