R. A. López Ynoa
En torneos electorales anteriores, la campaña sucia se dejaba para último, como quien dice, para que no hubiese tiempo de contrarrestarla. Me explico: era tradición que los que se sabían en desventaja electoral recurrieran a la llamada campaña sucia los días 9 ó 10 de mayo, tiempo insuficiente para desmontarla.
Recuérdese el triste caso del 1990 en que una intervención televisiva del profesor Bosch fue editada para hacerlo aparecer diciendo “Yo no creo en Dios”, y eso fue casi los dominicanos yendo a votar. Lo mismo sucedió en 1994, y ahora, recientemente, al Presidente Leonel Fernández, hasta la voz le falsificaron para hacerlo decir cosas que nunca dijo.
Pero esta vez, no se aguantaron. La soltaron en febrero, tres meses antes de las votaciones, pero la montaron en diciembre pasado con la publicación de un libelo acusando a funcionarios del gobierno de corrupción. Pasó sin pena y sin gloria.
En medio de la desesperación que parece ser resultado de las encuestas, se fue creando en el país un ambiente Wikileakeano con supuestas intervenciones, ciertas o no, de las cuentas electrónicas de la Primera Dama y otros funcionarios, para dar hoy la impresión de veracidad a la supuesta infiltración de informaciones estatales y personales, de funcionarios y personas cercanas al presidente de la República, entre ellas, la Primera Dama.
Ese era el objetivo. Ahora un individuo de nombre Marcos Martínez, de Santiago, se destapa diciendo que la Primera Dama tiene alegadamente una cuenta a su nombre en Dinamarca de unos 43.8 millones de euros que ni siquiera él se lo cree.
Lo que ha demostrado Marcos Martínez es ser una persona temeraria al servicio de los más oscuros intereses del país. Ahora no halla como salir del atolladero en el que se metió por estúpido y en el que lo metieron persona que hoy no dan la cara. Porque a nadie le cabe la menor duda de que se acreditó una “denuncia” que tenía otros dueños, pero que hoy no reivindican.
Si no es así, fijémonos que la llamada “denuncia” se hace en Santiago en un programita de televisión y al instante los medios nacionales de Santo Domingo la recogen. Pero las cosas no salieron como las pensaron.
Quienes hoy debieran estarlo apoyando en su temeridad, se desvinculan ante lo fallido de la maniobra dejándolo solo ante un país que ha advertido la truculencia electoral, y que ha volcado su apoyo a las candidaturas de Danilo y la Cedeño.
En otras palabras, la denuncia pasó a ser un boomerang que ha guillotinado a quienes creyeron dar un golpe dantesco a la campaña del PLD.
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