No es casual la existencia de los ayuntamientos. Como ente deorganización de la vida de los pueblos existen desde antes de la eracristiana. Su función fundamental es velar por el bienestar común detodos los que habitan el municipio y tal se traduce en aportar a lagente el mayor grado de satisfacción posible de la vida en comunidad,que va desde el cuidado del ornato, limpieza, alumbrado,construcciones colectivas, hasta la salvaguarda de la culturaparticular.
Desde un punto de vista social, son sencillas y fáciles sus funcionesfundamentales, principalmente cuando se cumplen a cabalidad con losmandatos de las leyes y la costumbre. Basta disponer constantemente delos recursos para tales fines –los que son obtenidos de los impuestosmunicipales y aportados por el Estado- crear los órganos que ejecutenlas directrices establecidas, no desviar los fondos, priorizar lasobras públicas y las inversiones y mantener un ritmo de trabajo acordecon las necesidades. Desde un punto de vista político se dificulta,pues aparece el clientelismo, el beneficio de partido, la dádiva ytoda clase de “ayudas” que desvían y desvirtúan los recursosmunicipales.
Es allí, en esa vorágine, que caen las expresionesculturales y folklóricas. Si bien las actividades culturales y folklóricas son creacioneslibérrimas y espontáneas de los habitantes de los pueblos y son elloslos que la mantienen, impulsan desarrollan, cultivan y protegen, ladinámica de muchas de estas actividades dependen de la influencia delcuerpo edilicio.
Las expresiones particulares de un barrio, de unsector o de una persona o familia no necesariamente reciben el apoyomunicipal, pero cuando tal se torna masiva, allí interviene.
Tales sonlos casos de las fiestas patronales y los carnavales. Es frecuente quemuchos pueblos celebren sus carnavales, recayendo en gruposparticulares su organización y montaje (Bonao, La Vega y otros) perola mayoría son impulsados y apoyados por los ayuntamientos, tanto enlo económico como lo organizativo y estructural. Tales son los casosde los carnavales de Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte, Azua,Baní, San Juan y varios más. Este último carnaval, denominado Barrigaverde, es digno de mención particular, pues es joven, pero el impulsoy apoyo directo que ha recibido desde la alcaldía ha sido fundamentalpara su desarrollo, ubicándose en la actualidad como uno de los másimportantes del país. Es precisamente en el grupo de los carnavalesque sostienen y promueven los ayuntamientos que cae el carnavalpopular de Cabral.
En Cabral aparece un interesante hibrido, caracterizado por unacelebración como Las Cachúas, en la que no existen grupos niorganizaciones definidos, sino que cada quien se viste y participacomo desee, y un desfile de comparsas y carrozas, que sí sonorganizados por un comité creado al efecto, en general, elayuntamiento ejerce controles sobre ambos. Si bien no existe, quesepamos, un presupuesto definido dedicado a contribuir con laspersonas a vestirse de Cachúas, tal sí está consignado para elCarnaval, sólo que se entiende como el “carnaval” a los desfilesescenificados el Sábado Santo, no en conjunto con los tres días deCachúa. No obstante, las promociones se realizan sobre la base de LasCachúas, aunque solamente se invita para el sábado.
Aunque la vaguedad de los comités hacia qué tipo de celebración apoyaro definir cuál es la verdadera e importante expresión cultural genuinadel pueblo ha contribuido a la indiferencia hacia Las Cachúas, estosgrupos tratan de hacer algún trabajo para desarrollar actividades queredunden en beneficio del pueblo en el ámbito cultural.
Es allí en la organización y apoyo a estas actividades que se notaflaco el apoyo y papel del ayuntamiento. Hasta ahora, la costumbre haobligado a que el Alcalde es a quien compete la convocatoria para laformación de los comités o por lo menos tal iniciativa debe recaer enel Encargado de Cultura del ayuntamiento. Sin embargo, tanta apatíaexiste hacia la cultura popular desde la alcaldía, que no es sinoentrado ya los meses próximos a la Semana Santa que se produce laconvocatoria (en este 2012 se formó en la primera semana de febrero).A esta siempre tardía organización se une el pleito constante para laentrega de los recursos.
No es comprensible que si tales dineros estánpresupuestados sean recortados constantemente o sean desembolsadosfaltando poco tiempo para la festividad. La apatía cae en la desidia al momento de apoyar a Las Cachúas. Enrealidad el ayuntamiento no invierte ni promociona en lo más mínimo enla más grande expresión cultural del suroeste.
Es increíble cómo noexiste ningún tipo de programa educativo que contribuya a impulsar elconocimiento de Las Cachúas; que no haya en el salón de actos algunasmuestras alegóricas a ella; que no se haya votado ninguna resolución odecisión que permita a las salas legislativas del país declarar a LasCachúas como patrimonio de la nación; que siquiera en un programa avarios años, guardando dos o tres miles de pesos al mes o incluir alos comerciantes y a los cabraleños, tratar de hacer una estatua de unCachúa para ser colocada en el pedestal más alto del parque; que no seprohíje un museo sobre Las Cachúas; que no tome la iniciativa de irmás allá de un simple y poco agradable desfile de comparsas y cuasicarrozas y permita aglutinar a Las Cachúas en actividades queincentiven a los jóvenes a disfrazarse, dando motivos a los domingos.
No podemos salir del asombro al considerar que no se haya podidoaglutinar a los comerciantes del pueblo o crear conciencia colectivade la importancia de la festividad, tanto para fines comerciales comoturísticos: No existe, que sepamos, ninguna promoción que invite a losvisitantes al suroeste, a que pasen por Cabral a disfrutar de LasCachúas o del desfile, ni mucho menos algún tour turístico que seorganice para tales fines.
No hay una emisora de radio de Barahona niotro pueblo que mencione a Cabral y sus Cachúas como destino; noaparece un miserable letrero en el “cruce” de Cabral que laspromocione; ni un brochures y muchos menos un libro sobre ellas y eldesfile que auspicie el ayuntamiento.
Eso sí, se puede ver la cara, a sus anchas, del alcalde en cadaconstrucción, arreglo o arreglito que se haga en el pueblo, o a muchospavos reales encabezando los eventos. Aunque creo que ha faltado voluntad e iniciativa a muchos dirigentesdel pueblo, la verdadera incuria recae en el ausente alcalde y la aunmás ausente sala capitular, pues es a ellos que la ley ordena protegerlas expresiones culturales y son ellos los que fueron elegidos y seles paga un salario por tan importante trabajo.
Esperemos que nuestro joven alcalde y los no menos jóvenes concejales,en los más de cuatro años que le quedan de administración municipal,puedan constituir la diferencia (lo que hasta ahora no ha sido),replantear las cuestiones culturales y contribuir al desarrollo delpueblo. Asimismo, debe ser un reto para los grupos culturales ysociales tratar de contribuir en todo momento a favor de unas Cachúasque aunque grandes, inmensas, requieren, para mantenerse en los añospróximos, del apoyo de la colectividad. --
Eliezer OliveroDesde un punto de vista social, son sencillas y fáciles sus funcionesfundamentales, principalmente cuando se cumplen a cabalidad con losmandatos de las leyes y la costumbre. Basta disponer constantemente delos recursos para tales fines –los que son obtenidos de los impuestosmunicipales y aportados por el Estado- crear los órganos que ejecutenlas directrices establecidas, no desviar los fondos, priorizar lasobras públicas y las inversiones y mantener un ritmo de trabajo acordecon las necesidades. Desde un punto de vista político se dificulta,pues aparece el clientelismo, el beneficio de partido, la dádiva ytoda clase de “ayudas” que desvían y desvirtúan los recursosmunicipales.
Es allí, en esa vorágine, que caen las expresionesculturales y folklóricas. Si bien las actividades culturales y folklóricas son creacioneslibérrimas y espontáneas de los habitantes de los pueblos y son elloslos que la mantienen, impulsan desarrollan, cultivan y protegen, ladinámica de muchas de estas actividades dependen de la influencia delcuerpo edilicio.
Las expresiones particulares de un barrio, de unsector o de una persona o familia no necesariamente reciben el apoyomunicipal, pero cuando tal se torna masiva, allí interviene.
Tales sonlos casos de las fiestas patronales y los carnavales. Es frecuente quemuchos pueblos celebren sus carnavales, recayendo en gruposparticulares su organización y montaje (Bonao, La Vega y otros) perola mayoría son impulsados y apoyados por los ayuntamientos, tanto enlo económico como lo organizativo y estructural. Tales son los casosde los carnavales de Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte, Azua,Baní, San Juan y varios más. Este último carnaval, denominado Barrigaverde, es digno de mención particular, pues es joven, pero el impulsoy apoyo directo que ha recibido desde la alcaldía ha sido fundamentalpara su desarrollo, ubicándose en la actualidad como uno de los másimportantes del país. Es precisamente en el grupo de los carnavalesque sostienen y promueven los ayuntamientos que cae el carnavalpopular de Cabral.
En Cabral aparece un interesante hibrido, caracterizado por unacelebración como Las Cachúas, en la que no existen grupos niorganizaciones definidos, sino que cada quien se viste y participacomo desee, y un desfile de comparsas y carrozas, que sí sonorganizados por un comité creado al efecto, en general, elayuntamiento ejerce controles sobre ambos. Si bien no existe, quesepamos, un presupuesto definido dedicado a contribuir con laspersonas a vestirse de Cachúas, tal sí está consignado para elCarnaval, sólo que se entiende como el “carnaval” a los desfilesescenificados el Sábado Santo, no en conjunto con los tres días deCachúa. No obstante, las promociones se realizan sobre la base de LasCachúas, aunque solamente se invita para el sábado.
Aunque la vaguedad de los comités hacia qué tipo de celebración apoyaro definir cuál es la verdadera e importante expresión cultural genuinadel pueblo ha contribuido a la indiferencia hacia Las Cachúas, estosgrupos tratan de hacer algún trabajo para desarrollar actividades queredunden en beneficio del pueblo en el ámbito cultural.
Es allí en la organización y apoyo a estas actividades que se notaflaco el apoyo y papel del ayuntamiento. Hasta ahora, la costumbre haobligado a que el Alcalde es a quien compete la convocatoria para laformación de los comités o por lo menos tal iniciativa debe recaer enel Encargado de Cultura del ayuntamiento. Sin embargo, tanta apatíaexiste hacia la cultura popular desde la alcaldía, que no es sinoentrado ya los meses próximos a la Semana Santa que se produce laconvocatoria (en este 2012 se formó en la primera semana de febrero).A esta siempre tardía organización se une el pleito constante para laentrega de los recursos.
No es comprensible que si tales dineros estánpresupuestados sean recortados constantemente o sean desembolsadosfaltando poco tiempo para la festividad. La apatía cae en la desidia al momento de apoyar a Las Cachúas. Enrealidad el ayuntamiento no invierte ni promociona en lo más mínimo enla más grande expresión cultural del suroeste.
Es increíble cómo noexiste ningún tipo de programa educativo que contribuya a impulsar elconocimiento de Las Cachúas; que no haya en el salón de actos algunasmuestras alegóricas a ella; que no se haya votado ninguna resolución odecisión que permita a las salas legislativas del país declarar a LasCachúas como patrimonio de la nación; que siquiera en un programa avarios años, guardando dos o tres miles de pesos al mes o incluir alos comerciantes y a los cabraleños, tratar de hacer una estatua de unCachúa para ser colocada en el pedestal más alto del parque; que no seprohíje un museo sobre Las Cachúas; que no tome la iniciativa de irmás allá de un simple y poco agradable desfile de comparsas y cuasicarrozas y permita aglutinar a Las Cachúas en actividades queincentiven a los jóvenes a disfrazarse, dando motivos a los domingos.
No podemos salir del asombro al considerar que no se haya podidoaglutinar a los comerciantes del pueblo o crear conciencia colectivade la importancia de la festividad, tanto para fines comerciales comoturísticos: No existe, que sepamos, ninguna promoción que invite a losvisitantes al suroeste, a que pasen por Cabral a disfrutar de LasCachúas o del desfile, ni mucho menos algún tour turístico que seorganice para tales fines.
No hay una emisora de radio de Barahona niotro pueblo que mencione a Cabral y sus Cachúas como destino; noaparece un miserable letrero en el “cruce” de Cabral que laspromocione; ni un brochures y muchos menos un libro sobre ellas y eldesfile que auspicie el ayuntamiento.
Eso sí, se puede ver la cara, a sus anchas, del alcalde en cadaconstrucción, arreglo o arreglito que se haga en el pueblo, o a muchospavos reales encabezando los eventos. Aunque creo que ha faltado voluntad e iniciativa a muchos dirigentesdel pueblo, la verdadera incuria recae en el ausente alcalde y la aunmás ausente sala capitular, pues es a ellos que la ley ordena protegerlas expresiones culturales y son ellos los que fueron elegidos y seles paga un salario por tan importante trabajo.
Esperemos que nuestro joven alcalde y los no menos jóvenes concejales,en los más de cuatro años que le quedan de administración municipal,puedan constituir la diferencia (lo que hasta ahora no ha sido),replantear las cuestiones culturales y contribuir al desarrollo delpueblo. Asimismo, debe ser un reto para los grupos culturales ysociales tratar de contribuir en todo momento a favor de unas Cachúasque aunque grandes, inmensas, requieren, para mantenerse en los añospróximos, del apoyo de la colectividad. --
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