Por Roberto Sánchez
La representación política, un imperativo del gregarismo. un gran sofisma para la manipulación de masas. Nada, ni nadie, puede representar un acto tan profundamente íntimo como es un acto volitivo. Cada decisión, cada volición, es profundamente personal. Representar la voluntad de otro individuo, decidir en su nombre, es tan absurdo como representar el amor de otro individuo, ejerciendo el amor por otro.
Además, si yo existo y puedo ejecutar el acto de mi voluntad, por qué me ha de representar otro? Más aún, el que me representa No tendría, por ello, que anular su propia voluntad? En caso afirmativo, dejaría de ser humano para ser signo. Pero algo tan heterogéneo con la voluntad humana, como es cualquier signo, no podría ejercer, propiamente, acto alguno de volición. Más si no anularse su propia voluntad..., entonces no sería representante de nadie puesto que únicamente ejercería su propia voluntad (no pueden darse dos voluntades para un mismo acto).
Conclusión: Todo régimen de representación política tiene por base un sofisma encubridor de un sutil artificio de denominación con apariencia de derecho. La representación es constitutivamente un fraude.
-En la Photo histórica de la Revolución Mexicana, Villa y Zapata; es que alguien debe sentarse en la silla principal.-
--
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario