Benny Rodríguez
Tamayo.- Esta comunidad del Sur del país, era de esos pueblos de fuertes compromisos sociales. Compuesta por gentes comprometidas y con ideales de cambios. Época de lucha, de solidaridad y de entrega que con el paso del tiempo se han perdiendo. Los que viven aquí y otros que la situación empujó a marcharse añoran esos años de una comunidad tranquila, pero firme a la hora de exigir mejores condiciones de vida y bienestar social.
Ahora los pobladores de Tamayo están preocupados. La violencia social que se registra en el municipio, amerita de la intervención urgente de las autoridades militares y policiales para devolver la paz perdida y la seguridad ciudadana.
La preocupación crece porque, además del creciente tráfico y consumo de drogas, también han crecido los crímenes violentos a los que no están acostumbrados los hombres y mujeres de esta población, cuyo sustento económico depende mayormente de la agricultura y de unos pocos empleos que proporciona el gobierno y el ayuntamiento.
La vida de este apacible pueblo ha cambiado. En las últimas 72 horas cuatro muertes y la detención de tres personas traficando con drogas han tocado las alarmas de los residentes que claman con urgencia la intervención de las autoridades.
Llega la tragedia
El apresamiento el pasado martes de dos ciudadanos, frente al cuartel policial, mientras transitaban con varias porciones de cocaína y marihuana, alarmó a este pueblo trabajador y cuna de hombres como Plinio Matos Moquete y Radhamés Méndez Vargas.
Otro hecho que puso en el nivel más alto las alarmas fue la muerte a tiros de dos jóvenes, de menos de 20 años, y que fueron ejecutados en el mismo corazón del pueblo, próximo a la iglesia Católica y al liceo secundario.
La Policia llegó tarde. Los informes recibidos por www.lalupadelsur.com, indican que Vanderley Antonio González Dotel, de 19 años y Diego Reyes Gómez, de 20, eran perseguidos desde el cercano municipio de Vicente Noble tras haber asaltado una banca de apuestas.
Sus persecutores no tuvieron piedad cuando lograron darles alcance. Descargaron sus armas sobre sus juveniles cuerpos, dejándolos tendidos en el pavimento, al frente del principal centro educativo de la comunidad. Ambos eran nativos de la sección El Jobo, comunidad distante a unos 4 kilómetros de Tamayo.
Otro hecho violento se produjo la madrugada del lunes. Fue muerto Julián Florián González, de 29 años, quien fue sorprendido por el sereno Teodoro Cuevas Sena, de 50, cuando robaba en un negocio bajo su cuidado. La más reciente víctima de la violencia social que afecta a esta comunidad fue el asesinato del cabo de la Policía Nacional, Keison Luis Matos, hecho ocurrido casi a la medianoche del martes.
Los residentes de esta comunidad externaron su preocupación por la violencia que afecta al poblado, así como por los niveles de delincuencia, robos y asaltos que se suceden con una frecuencia que espanta y según los denunciantes se producen porque la Policía Nacional no tiene las herramientas indispensables para enfrentar el problema. Carecen de personal, armas suficientes, vehículos y un cuartel donde encerrar a los detenidos.
Nilda González, Alberto Ferreras y Francisco De León Tapia, entrevistados por este medio, dijeron que el número de agentes policiales asignados al municipio no es suficiente para la vigilancia y el patrullaje en las calles y comunidades adyacentes.
Benny Rodríguez/lalupadelsur

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