La Complicidad de la Sociedad. - Campesino Digital

Notas:

jueves, 11 de diciembre de 2025

La Complicidad de la Sociedad.

 

Por: @Duvergé Informa.


Hay historias que no comienzan con un estallido, sino con un sello. Mucha gente honorable e intachable no se imaginan que al ser designados en la administración pública, además de firmar un contrato laboral, firman también un documento invisible: un contrato con la sospecha, la desconfianza y el dedo acusador de una sociedad que aplaude y condena según la corriente del momento.


En este país, mientras alguien ocupa cargos modestos, es un ciudadano transparente, tan honorable que es casi ornamental. Pero basta que la misma persona toque un escritorio de recaudación o una oficina con sello oficial, para que, a los ojos de algunos se convierta sin juicio ni evidencia en un corrupto de ocasión.


No por actos, más bien por narrativas, por conveniencia, por deporte.


Hay funcionarios muy buenos, dedicados en cuerpo y alma al cumplimiento del deber sin caer en actos ilícitos, capaces de lograr en poco tiempo lo que otros sólo imaginaban. Sin embargo, estos servidores públicos son objeto de ataques infundados provenientes de personajes conocidos y desconocidos, los cuales van hilvanando historias sin expedientes, sin evidencias siquiera de una falta administrativa. Basta saber su afiliación política para que lo declaren culpable en el tribunal de las redes y las aceras. Mientras tanto,  los verdaderos corruptos, culpables "de pensamientos, palabras, obras y omisión", se mofan del pueblo,  sin grandes consecuencias por  los actos cometidos.


Asi, en los últimos días se observa en la escena nacional una obra cuyo guion el pueblo dominicano ya se sabe de memoria.  Se leen titulares que estallan un día y se apagan al siguiente. Se ve al Ministerio Público independiente hablar con megáfono en unos casos y con susurro en otros. En el horizonte una procuradora que se desliza por la vida pública con un perfil tan bajo que apenas roza la superficie.


Y la sociedad mira todo eso  como si no lo viera.


Para ilustrarlo basta repasar lo que el país comenta y percibe:

El caso Odebrecht tuvo para muchos el sabor de un teatro agotado; el caso Pulpo, la grandilocuencia de una película sin final convincente; el de SENASA transita en un silencio que ni estorba ni inquieta; el de la Lotería se maneja en discreción calculada; y las historias de políticos asociados al narcotráfico navegan por debajo del radar, como si el mar del poder fuera un refugio natural.


Y lo más revelador no es la justicia, sino más bien el público, la audiencia, la sociedad que aplaude, se indigna o calla, según quien esté sentado en la silla del poder… o quién esté sentado en la suya.


La Región Enriquillo no está exenta de casos similares. Pero, ¿despertarán algún día los expedientes dormidos que todos conocen y nadie toca? ¿Qué dirá la ciudadanía cuando los nombres, los apellidos y los favores salgan a la luz? 

Recuerdo entonces las palabras del compañero Omar Liriano: “En este país debemos dejar de tener nuestros corruptos favoritos.” Y también las de Orión Mejía, que pedía "blanquear la sociedad" mientras muchos comunicadores señalaban, gritaban, exigían, sólo cuando les convenía hacerlo.


La historia no juzga, la sociedad sí, y a veces  señala con el dedo sucio.

Hasta la próxima semana mis pequeños saltamontes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario