Los agricultores de Cabral viven un verdadero drama ante la ola de robos de plátanos que se repite a diario en los conucos de nuestro municipio.
Cada madrugada, mientras los agricultores descansan, unos delincuentes se adentran a sus propiedades, se llevan grandes volúmenes de plátano y dejan atrás no solo un terreno vacío, sino el sacrificio, el sudor y la inversión de al menos diez meses de trabajo.
Los conucos de Cabral, antes símbolo de esperanza y sustento familiar, hoy están agotados por la delincuencia.
Los productores invierten tiempo, capital y esfuerzo en preparar la tierra, sembrar, cuidar y esperar más de 300 días para ver su cosecha; sin embargo, en cuestión de minutos, estos “ratones de plátano” entran a las cónicos, cortan y se llevan lo que no es suyo, dejando a los agricultores devastados y sin recursos para pagar sus gastos o enviar a sus hijos a la escuela.
Los agricultores denuncian que los robos no son ocasionales, sino sistemáticos, casi todos los días, como si hubiera mafias organizadas que conocen muy bien la zona y aprovechan la poca presencia de vigilancia.
Muchos dicen entender que hay hambre, pero no justifican que se convierta en norma el entrar a predios privados y cargar con productos de trabajo duro, sembrados con fe y esperanza.
La comunidad de Cabral exige a las autoridades competentes que se tomen medidas urgentes: mayor presencia policial en los campos, rondas nocturnas coordinadas con los agricultores, patrullas comunitarias y campañas de educación para que los jóvenes entiendan que el plátano no es un “botín” ni un juego, sino el pan de muchas familias campesinas.
Es hora de ponerle freno a esta tragedia silenciosa. Y evitar muertes futuras porque todo tiene su límite.
Hay que proteger a nuestros productores, premiar su labor y castigar sin miramientos a quienes se aprovechan del esfuerzo ajeno. Cabral no puede permitir que el plátano, uno de sus símbolos más arraigados, se convierta en botín de la delincuencia.

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