¿ Es cierto o no, que en El Seibo les ponían zapatos a las vacas para robársela? - Campesino Digital

Notas:

sábado, 12 de septiembre de 2026

¿ Es cierto o no, que en El Seibo les ponían zapatos a las vacas para robársela?


La historia de que los cuatreros le ponían zapatos (o sacos/trapos) a las vacas en Sabana del Cuey (provincia El Seibo) forma parte de una mezcla entre leyenda urbana campesina, picardía popular y la realidad histórica del cuatrerismo en la región Este.  


La versión popular cuenta que, durante las épocas de mayor azote de robos de ganado en las fincas de El Cuey y zonas aledañas de El Seibo, los dueños de fincas y monteros rastreaban el ganado robado siguiendo la huella de la pezuña hendida en el fango y los trillos. 


El rumor popular afirmaba que los cuatreros envolvían las patas de las vacas con trapos gruesos, lonas de saco de henequén o suelas amarradas tipo "calzado" para que las huellas no parecieran de res o quedaran totalmente amortiguadas y borrosas al pasar por caminos vecinales.


Otra variante del relato aseguraba que, al sacarlas de noche por caminos empedrados o pasos secos cerca de los caseríos, les colocaban protecciones de tela o cuero en las patas para silenciar el golpeteo de las pezuñas contra las piedras.


En relatos más antiguos de la montería del Este, también se contaba el mito del cuatrero que caminaba con suelas o "zapatos" con forma de pezuña (o calzados colocados en dirección contraria) para simular que los animales iban entrando a la finca en vez de saliendo.


La comunidad de Sabana del Cuey ha sido históricamente una de las zonas lecheras y ganaderas más tradicionales y productivas de El Seibo, y por lo mismo, blanco recurrente de bandas de cuatreros. El robo de reses allí es una realidad dura y documentada.


En la práctica real, calzar cuatro patas a varias vacas en medio de la oscuridad y apuro de un robo es prácticamente inviable y peligroso. Lo que sí llegaron a hacer cuatreros y monteros mañosos era amarrar ramas o matas detrás de los caballos para barrer el rastro o, en ocasiones muy puntuales, forrar las pezuñas de un animal puntero con sacos para cruzar algún tramo vigilado.


Con el paso de las décadas, la anécdota mutó en una especie de chiste y mito folclórico en los pueblos vecinos del Este (Higüey, Hato Mayor, La Romana), donde se bromeaba con frases como: "En El Seibo son tan vivos que hasta a las vacas les ponen zapatos para robárselas".


El relato es un ejemplo clásico del folclor rural dominicano: parte de la astucia real del campesino y del cuatrero para evadir rastreadores en el monte, adornada con la exageración oral con la que se narran las historias en las enramadas y colmados del campo esteño

No hay comentarios:

Publicar un comentario