Ni tan cerca que queme el santo ni tan lejos que no lo alumbre - Campesino Digital

Notas:

jueves, 25 de febrero de 2010

Ni tan cerca que queme el santo ni tan lejos que no lo alumbre


Ramón Alberto López Ynoa

Entre los devotos a los santos hay una expresión según la cual al santo hay que ponerle la vela a una distancia tal que no lo queme, pero que tampoco deje de alumbrarlo. En otras palabras, colocar la vela a la distancia justa para que la imagen reciba, sin riesgos, los beneficios de la luz.

Este aforismo tiene sus aplicaciones en el accionar político, tanto por el llamado que hace a la prudencia, a la moderación, al comedimiento, como por el reconocimiento implícito de aquellas cosas que una vez ayudaron al logro de metas trazadas y alcanzadas.

En Barahona, los partidos políticos tuvieron sus primarias para elegir sus candidatos, proceso que culminó finalizando el año pasado.

Se conoce de políticos barahoneros que sabían de la dificultad que tenían para transitar un camino que se le presentaba a oscuras y lleno de incertidumbres. Se acercaron a un altar, y le prendieron velas al santo de su devoción para que les ayudaran a transitarlo.

Poco les importó cuán cerca tuviera el velón de los santos, si los quemaba o no, pero lo cierto es que, contrario a lo que sucede en la liturgia de la santería, esos santos ayudaron a que los devotos llegaran sin dificultad a donde querían llegar; se hizo el milagro, y llegaron.

Lo extraño es que una vez beneficiados por la acción milagrosa de sus santos, los que ayer prendieron velas ante un altar, hoy inclinan sus cabezas y hacen sus devociones, ante otros altares. Altares cuyos santos hicieron de las suyas con tal de derribarlos.

Los santos que ayudaron a esos políticos en el camino de las primarias, hoy lucen, en unos casos, abandonados, y en otros, sólo se les ven unas velitas a distancias cuyas luces no les llegan.

En el afán de asegurarse el logro de sus metas políticas, alejan demasiado el velón de los santos que los ayudaron, pero lo acercan demasiado a otros que no tienen por qué sentir, ni van a sentir, compromisos con sus devociones.

Al final pudiera darse que la vela queme a los santos de los nuevos altares, y aquellos santos de antes, no tengan por qué hacer milagros por devotos que hoy se inclinan ante otras lealtades.

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